Por Leo Torresi“Un sueño en la cabeza”, le puso de título Juan José Millás, escritor y
periodista español, a una entrevista que le hizo a Pascual Maragall, hace
unos años. Maragall fue el alcalde de Cataluña durante los juegos olímpicos
de 1992, tan brillantes, tan poco convencionales. En esa nota, Millás habla
sobre los proyectos, las ideas, los deseos. Para llevarlos adelante,
sostiene, por supuesto hacen falta planes, organización y recursos, humanos
y económicos. Pero nada sucede si el sueño no está delante de todo. Todo lo
demás es necesario. Pero el sueño es el alma.
Este 23 de mayo, una fecha que quedará para la historia de nuestro club, es
la consecuencia de un sueño, un deseo inicial. Lo demás llegó con
naturalidad. La organización -el original “Grupo Sede”- abrió la
movilización: la primera reunión en el Almafuerte (socios de un club que se
reunían ¡¡¡en otro club!!!), la jornada en la Plaza Libertad, territorio
con historia milrayitas; las dos contundentes marchas frente a la sede.Y el inmenso y vital intercambio de información y las expresiones de apoyo
en las redes sociales, con miles de socios e hinchas amplificando el
mensaje y las novedades; criticando o despabilándonos cuando venía al caso;
pero llamando a moverse y avanzar, siempre.
Hasta entonces la sede era un tabú. Algo de lo que no se podía hablar a
riesgo de ser atacado por los fantasmas más inidentificables, que
amenazaban con más ruinas y un apocalipsis digno de una película mala.Una concesión impresentable le garantizaba a una empresa la permanencia
durante 47 años. Los propios contratos eran un misterio que los socios
sacamos a la luz. El concesionario había transformado nuestro club en uno
“propio”, sin acceso ni beneficios para los socios de Los Andes. En aquella
época hacíamos un chiste negro que formulábamos más o menos así:
“Che ¿Cómo se llama ese club que funciona ahí atrás del Complejo Lomas?”.
“Ah ¿Los Andes?”.La casa del club había quedado reducida a una oficina. Los socios comunes
solo podían espiar el espacio físico a través de una ventanilla a la altura
de la cintura, como en una visita a un preso. O viendo alguna foto de un
jugador que iba a firmar un contrato ¿Qué se podía ir a hacer a la sede?
Nada. El espectáculo dantesco del cartel descascarado en la puerta, la
pileta olímpica inutilizada o vacía de gente, eran expresiones rotundas de
una decadencia insoportable.
No es muy recomendable abusar de los adjetivos. Pero esta historia la
verdad que los pide con locura.En 2009 hubo una luz, cuando las autoridades del club decidieron iniciar un
juicio contra un concesionario que, además de incumplir todas sus
obligaciones -incluso el pago del insignificante canon mensual- manifestaba
a cada paso su desprecio: que la gente de Los Andes no entrara a “su” club
era su panacea comercial.
Dos años después el juicio se iba desistir, en favor de una renegociación
del contrato con la misma persona. Un enorme paso atrás.Pero ahí se encendió la mecha. Y nos fijamos de que lado nos encontrábamos,
como pedía el Indio. Y empezamos a movernos. De la organización, a la
movilización: la clave de todo, la que siempre define. Ahora sabíamos que
los socios de Los Andes querían su sede.
Entonces la iban a tener. Faltaba el tercer factor: la decisión política.
El primer indicio llegó cuando la CD llamó a conformar la Subcomisión de
Recuperación de la Sede, con cariz institucional. Y se puso al frente de
las negociaciones para forzar una salida del concesionario, que hasta ese
momento se había negado a cualquier negociación realista. No fue fácil
hablar con una persona que se había adueñado de lo ajeno y creía que se iba
a quedar toda la vida. Pero a la que ahora le había quedado claro que no
tenía otra opción que irse.Mientras, los socios encaramos algunas acciones para empezar a
reapropiarnos de un lugar que al cabo es nuestro. Recuperamos y limpiamos
el terreno que da a la calle Sixto Fernández, donde hace muchos años estaba
la pileta de los chicos. Y organizamos la jornada de limpieza en la cancha
de arriba de la sede. Fue un día de tremenda emoción. Muchos chicos pisaron
por primera vez el lugar. Otros jugaron su primer partidito de fútbol en el
club. Habíamos vuelto.
El llamado a la asamblea de representantes de socios del próximo 23 de mayo
es la confirmación de la voluntad política. Se votará el fin del contrato
de la concesión y será el día de la recuperación formal de la sede para los
socios de Los Andes y para la comunidad de Lomas. Ese día se cerrará una
etapa negra y nacerá un club mucho mejor. Institucionalmente será una
revalorización de la función del cuerpo como una herramienta para tomar
esas decisiones que cambian la historia.Para nosotros, y en ese “nosotros” entramos todos, será un día de justicia.
Y de gran fiesta, sin dudas. El 23, a las 20, volvemos. Y no nos vamos más.
Subcomisión de Recuperación de la Sede Social / Grupo Sede.
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