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Por Leandro Saltamerenda
No pudo en Lomas, tampoco en
Jáuregui. Otra vez el 0-0 fue el resultado. ¿Sumó un
punto o restó dos? La gran pregunta que nos hacemos. A
ver, por lo que representa jugar en territorio Canario,
el empate no es malo. A excepción del triunfo en la
temporada pasada, la historia dice que a Los Andes nunca
le fue bien en el Carlos V. Sin embargo, si hacemos un
análisis más futbolístico, la igualdad dejó un sabor
agridulce. Porque si bien fue un partido con pocas
emociones, el conjunto de Raúl Cascini tuvo las
situaciones más claras y mereció volverse a Lomas con
algo más. Principalmente por la actitud y la imagen que
mostró en la segunda parte. Pero bueno, el fútbol no
sabe de merecimientos…
Lo había dejado entrever en la
conferencia de prensa post Acassuso. El técnico Cascini
había terminado conforme con el 4-3-1-2 que puso en el
debut y volvió a repetir la fórmula. Mismo equipo, mismo
sistema. Y de arranque nomás fue Flandria quien tomó las
riendas. Con un mediocampo superpoblado, el local
aprovechó para lastimar a las espaldas de los volantes
Milrayitas y tuvo en su refuerzo Sebastián Bueno las dos
primeras situaciones de gol del encuentro. Un anticipo
que se fue desviado y un cabezazo que salió cerca del
palo derecho de Lucho Díaz. ¿Y el Rojo? Intentaba con
individuales, pero poco podía hacer. Damián Luna no
desnivelaba, Maxi Castano chocaba y a Leo Romero no
le llegaba juego.
No obstante, después de los 20, la
mano cambió. Los Andes se adelantó en el campo y por
izquierda comenzó a encontrar soluciones. Jonatan
Tridente, de buena tarea a la hora de retroceder en
defensa, tuvo algunos chispazos interesantes, pero le
faltó compañía en los últimos metros. ¿Cuándo se
empezaron a resolver los problemas? En la segunda mitad,
con el ingreso de Martín Rose. Es que el juvenil entró
enchufado y un par de movimientos le bastaron para
sacudir el poste izquierdo de Gagliardo.
Por guapeza y movilidad, el 18 se
convirtió en el hombre más desequilibrante de la cancha
y las ilusiones empezaron a crecer. Con Pinto-Nieva
controlando la situación (el Canario atacaba casi sin
delanteros), el Rojo soltó los laterales y antes de la
media hora tuvo otra oportunidad neta de gol: Leo Corulo,
nuevamente una de las figuras lomenses, metió un cambio
de frente a las espaldas de Walter Díaz, el Colo
Tridente dio un pase profundo y Claudio Leguizamón,
recién ingresado, remató a las manos del 1. Los Andes
mordía en el medio, Flandria se paraba de contra…
En los últimos minutos, los dos
coquetearon con la victoria. Bueno casi rompe el 0 con
un testazo que se fue alto y el CALA respondió con dos
desbordes que si no terminaron en gol fue por la rápidez
de piernas de Gagliardo. Como siempre, con
los merecimientos no alcanza...