Por Leandro Saltamerenda
Se escapó. Se fue sin querer. Los
Andes volvió a dejar dos puntos en el camino. Al igual
que en el partido ante Chicago, el Milrayitas ganaba
tranquilo 2-0, pero los de Turdera consiguieron la
igualdad en tiempo de descuento y todo fue desazón.
Cuánta bronca. Cuánto festejo contenido. Y justo ellos
terminaron celebrando en Lomas…Pero ya está, se deberá
aprender de los errores. Para la próxima habrá que
pararse unos metros más adelante o definir el pleito
antes. Avivar rivales no es bueno. Sobre todo cuando
conocemos la medicina... Otra vez no alcanzó con los
goles de Maxi Castano y Leo Romero. La reminiscencia
elevada a la máxima expresión…
Seguramente fue un primer tiempo para
guardar en el recuerdo. Para lo que es la categoría y lo
que representaba el partido en sí, Los Andes casi que
rozó excelencia. Juego colectivo, compañerismo y
jugadores en un nivel muy alto. Metió cuando debió
meter, y jugó cuando debió jugar. Defensa sólida,
laterales con proyección, dos volantes internos como
Frances y Ojeda apretando bien sobre la salida Celeste,
Asencio desplegando su jerarquía por la cancha, Castano
en su mejor partido en Lomas y Leo Romero ganando todo
de arriba. No es exagerado. Al finalizar la etapa
inicial, el Milrayitas estaba para golear y el Gasolero
como para recibir una paliza.
El cabezazo goleador de Castano a los
12 minutos cambió el desarrollo del partido y apareció
el verdadero Los Andes que quieren sus hinchas.
Protagonista. Ambicioso. Con buena circulación de
pelota. Qué peleaba todas las pelotas como si fuesen la
última. Y de yapa, cerca de la media hora, Asencio armó
un jugadón (quebró la cintura varias veces para dejar en
el camino a cuatro rivales) y el siempre presente Leo
Romero puso el pie para tocar a la red. Abrazó de todo
Lomas. Fiesta doble en la tribuna. Si en la previa era
una caldera, imagínate con el 2-0...
Seguramente fue un segundo tiempo
para borrar de la memoria. El temprano descuento de
Patricio González vía pelota parada provocó el cambio de
roles. Los de Cascini perdieron por completo el dominio
de la pelota y Temperley, a base de centros y vergüenza,
lo fue llevando a jugar cerca de su área. A los 15,
Keosseían tuvo el empate en sus pies, pero se topó con
Scapparoni. Y entre modificaciones (tanto Castano como
Asencio debieron salir por diferentes molestias físicas)
y contragolpes desperdiciados por el local, el ego
Gasolero fue in crescendo hasta que en el tercer minuto
de descuento, el ingresado Cerica encontró un rebote y
selló el resultado 2-2. Nada es casualidad. Otro gol por
la vía aérea. Otro gol cuando se moría el partido.
Historia repetida.
Una primera mitad, otra segunda. Y en
el camino quedó la fiesta Milrayitas y el excesivo
festejo de Temperley por el empate. ¿Era para tanto, che?
Así nuca vamos a poderclásico.
Diferencias, vio…