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Por Leandro Saltamerenda
No estaba en los planes de
nadie. Ni el más pesimista de todos se hubiese imaginado
una derrota como ésta. Los Andes tuvo un domingo para el
olvido y perdió 3-0 ante Temperley, en su cancha. Fue un
porrazo. Un golpe en el medio del corazón. El Celeste se
llevó tres puntos de Lomas y dejó un Milrayitas lleno de
dudas. ¿Qué pasó? ¿Por qué se volvió a jugar mal? ¿Dónde
quedó el buen trabajo realizado en la pretemporada?
Muchas preguntas, pero pocas respuestas. Lo cierto es
que el conjunto de Oscar Blanco cayó sin atenuantes y
ahora deberá mostrar toda su fortaleza para revertir
este difícil momento. Otra no queda…
Había
clima de partido. Como era de suponerse, el hincha del
Rojo hizo los deberes y copó las tribunas. Bengalas por
acá, humo por allá. El Gallardón era una fiesta y en el
campo de juego, el primero en marcar territorio fue el
Gasolero. Quizás sin tantos nombres, pero con un equipo
muy equilibrado y combativo. Así, el Cele se hizo dueño
del encuentro y a Los Andes le costó recuperar el balón.
Es más, cuando lo tenía no sabía de qué manera lastimar.
Si con pelotazos cruzados, con intentos de afuera del
área de Claudio Leguizamón o con alguna escapada
solitaria de Jonatan Tridente. Era todo muy previsible.
El Milrayitas caía en la tentación y su rival lo
disfrutada. Iban 38 minutos cuando Walter Cáceres le
tapó un mano a mano a Adrián Gómez y Nicolás Chietino,
después de un rebote, colgó el balón en el ángulo más
lejano del 1. Nadie quería mirar. El CALA sacaba del
medio y no precisamente para reanudar el segundo tiempo.
Primer puñal…
Si en
la etapa inicial Temperley había armado un bloque
impenetrable en su defensa, qué decir del complemento.
Apuesta jugada, pero efectiva. Entonces, Cachín Blanco
metió a Jaime Molfeso, y su ingreso le dio más
profundidad a la ofensiva. En tan solo un cuarto de
hora, el Milrayitas había merodeado el área contraria en
cinco oportunidades. Tal vez si tanta claridad, aunque
con una vocación diferente. Y el público se contagió. Se
ilusionó. Más de uno gritó gol cuando el Colo Tridente
empujó un desvío del paraguayo Villalba Fretes, pero
Ezequiel Andrioli se interpuso cuando había destino de
red. Parecía adrede. La pelota no quería entrar.
Y
cuando menos se lo esperaba hizo su aparición Sebastián
Cobelli. Llegaron dos nuevos puñales del Cele. Sí, un
zapatazo tremendo y una contra rápida sepultaron todas
las chances de reacción. El partido ya estaba cerrado y
las cartas arriba de la mesa. Qué increíble. El 0-3 era
irremontable y el Gasolero dejaba a su vecino tendido
por el piso.
Pese a
todo, aunque la derrota haya dominado la escena, vale el
reconocimiento de algunos hinchas a Julián Bogao y
Alejandro Friedrich, los dos mejores de un Milrayitas
que parece haber perdido la brújula. Esperemos que se
encuentre rápido por Maschwitz. No es un consuelo, pero
todavía estamos a tiempo…