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Todo fue de Temperley en el Alfredo
Beranger. El Cele, que se hizo fuerte de local y jugó su mejor partido
en el torneo, venció a un Los Andes tibio que hizo muy poco. Juan Manuel
Quevedo, a los 39’ minutos, le dio la ventaja al Gasolero de un José
Barrella, que respiró tranquilidad, y desató los festejos en un estadio
repleto de celestes. ¿Los Milrayitas? Lo sufrieron por TV, en el
Gallardón…
Arrancó como para pasarlo por arriba Los Andes cuando, a los 2 minutos,
Federico Crivelli tuvo que lucirse ante un excelente tiro libre
ejecutado por Leonardo Luppino. Pero la furia le duró poco al equipo de
Alberto Pascutti. De a poco, los dirigidos por Barrella se acomodaron en
el campo de juego y avisaron con un remate de Rubén Ratto que se fue
algo desviado.
Y, a los 18’, el que se perdió la chance de darle la ventaja a Lomas fue
Maximiliano Natalicchio que desperdició una situación clara debajo del
arco tras un buen centro de Martín Castagnino desde la derecha.
Temperley, por su parte, respondió a los 25’ cuando Molina envió un
centro bajo que Lutzky remató de primera y la pelota dijo "no" al pegar
en el palo derecho del arco defendido por Aguirre.
“¡Uhh, que aburrido que se hizo ahora!”, decía un plateista en
referencia al lapso de casi quince minutos que le siguió a esa jugada.
El partido entró en un pozo del que sólo salió a los 39 cuando Juan
Manuel Quevedo tomó la pelota en la mitad de la cancha, encaró hacia el
área, levantó la cabeza y definió con calidad por sobre el cuerpo de
Aguirre. Sí, 1-0 y chau modorra. Éxtasis puro en el Beranger.
Temperley arrancó el segundo tiempo con toda esa energía: la que
transmitía la gente. Y a los 30 segundos del segundo tiempo Maxi Núñez
obligó el esfuerzo de Aguirre con un excelente remate cruzado. ¿Otra
más? A los 2 minutos Lutzky casi marca el segundo si no fuese por la
buena anticipación del ex arquero de Olimpo.
Los Andes siguió siendo el mismo equipo sin actitud del primer tiempo.
Pascutti apostó a la potencia goleadora de Tridente, Yaqué y Ávalos más
el fútbol –que no apareció- de Martín Asencio pero el Milrayitas fue un
equipo inconexo, timorato y que entendió muy bien el mensaje de su DT
que en la semana remarcó que con Temperley era “un partido más”. El
Milrayitas jugó por tres puntos, el Cele se jugó la vida. Y ahí estuvo
la diferencia.
El resto del tiempo sirvió para que el Gasolero tuviese dos chances más:
una a los 16’, con un remate de Núñez y otra un minuto después cuando
Lutzky se perdió la posibilidad de sentenciar el encuentro abajo del
arco. De ahí en más Los Andes buscó por vergüenza, a puro pelotazo, pero
sin ideas. Y firme, con los dientes apretados, el equipo local fue pura
resistencia. El pitazo del juez llegó, la locura estalló en el medio del
campo de juego y el show terminó con un final justo: ganó el que más
buscó, el que más metió y el que jugó el clásico con la emoción de la
primera vez.
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