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Domingo 03 de Febrero del 2002

Lo apunó

La altura de Los Andes dejó sin aire a Platense: con goles de las torres Avendaño y Ocampos, los de Lomas festejaron y hundieron al Calamar en la tabla de promedio.


Lo sabía Carlos Trullet. Lo había anticipado. Cuando vio el informe médico de su plantel, se avivó de que las jugadas aéreas serían una complicación. Y en su debut al frente de Platense, su vaticinio se cumplió. Su equipo se enfrentó, justamente, con Los Andes, el rey de las alturas. Y no es un juego de palabras. Aunque los de Lomas la pasaron mal, inflaron el pecho en un minuto y festejaron gracias a dos cabezazos de sus torres, Hernán Ocampos (1,93 metro) y Pablo Avendaño (1,88).

"Alguna vez les dije a los dirigentes que se dieran vuelta cuando cayera un centro en el área de Platense. Al equipo le falta altura", contó Trullet después de la derrota. Y tiene razón. Parece mentira que Los Andes haya remontado un partido que tenía perdido desde el momento en que Leva se aprovechó de un error de Avendaño y, con un golazo, puso arriba a su equipo. Pero es verdad. Luego de 11 minutos de terror, Los Andes reaccionó con altura y cambió su panorama en 60 segundos. Con grandeza.

Viejo Lobo, Juan Carlos Zerrillo hizo una apuesta fuerte, conociendo las virtudes y limitaciones de Los Andes. Como sus muchachos no llegaron a punto físicamente, todas las miras estaban puestas en la cabeza de Ocampos. No siempre le salió la jugarreta. Sobre todo porque Platense robó la pelota, para intentar ofrecerle una victoria a su nuevo técnico y a los refuerzos, quienes, inhabilitados, vieron el partido desde la platea. La primera imagen que vieron los novatos los hizo ilusionar: Ramón Rojas descociéndola por la derecha e Insaurralde y el Totó García asociándose como si se conocieran de toda la vida. Con mucha movilidad, Platense superó a un inexpresivo rival. Sí, el que finalmente festejó, no había mostrado nada hasta que vivió sus cinco minutos de gloria. NADA. Silva se escondía; aburrido de no entrar en juego, Ocampos bajaba a pivotear hasta el círculo central y Seba Domínguez perdía sin cesar. Sólo Arce asomaba la cabeza y levantaba la bandera de la dignidad en un equipo agobiado por cuestiones físicas, anímicas y monetarias.

La sabe lunga. Como si eso fuera poco, el pobre de Avendaño le regaló una bocha a Leva. Se venía la hecatombe. Sin embargo, Platense se durmió en los laureles de verse arriba. ¿Más alto que Los Andes? Imposible. Zerrillo la sabe lunga. Las torres hicieron su aparición estelar. Y andá a cantarle a Goyeneche, Platense. Sólo un minuto separó a los cabezazos goleadores de Avendaño y de Ocampos. Ah, después de que la chapa marcara la ventaja de los de Lomas, el propio Ocampos sacudió el palo derecho del arco de Zinelli. De repente, el Milrayitas fue el equipo de las mil variantes. Pero se ve que fue solamente un rapto de sana locura. Después de esos cinco minutos, nada ni nadie hizo algo como para presumir que la alegría continuaría. El calor se los llevó puestos a todos. Y chau partido. Los chicos de Platense confirmaron que en el mundo de hoy es muy difícil vivir de ilusiones y los hinchas deben estar prendiendo velas para que los refuerzos puedan salir a la cancha. En cambio, el "vamo, vamo los pibes" que despidió al plantel de Los Andes, habla por sí solo. En Lomas se tienen fe. Y quieren llegar otra vez a los más alto...

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