La altura de Los Andes
dejó sin aire a Platense: con goles de las torres Avendaño y Ocampos, los de
Lomas festejaron y hundieron al Calamar en la tabla de promedio.
Lo
sabía Carlos Trullet. Lo había anticipado. Cuando vio el informe médico de su
plantel, se avivó de que las jugadas aéreas serían una complicación. Y en su
debut al frente de Platense, su vaticinio se cumplió. Su equipo se enfrentó,
justamente, con Los Andes, el rey de las alturas. Y no es un juego de palabras.
Aunque los de Lomas la pasaron mal, inflaron el pecho en un minuto y festejaron
gracias a dos cabezazos de sus torres, Hernán Ocampos (1,93 metro) y Pablo
Avendaño (1,88).
"Alguna vez les dije a los dirigentes que se dieran vuelta cuando cayera un
centro en el área de Platense. Al equipo le falta altura", contó Trullet después
de la derrota. Y tiene razón. Parece mentira que Los Andes haya remontado un
partido que tenía perdido desde el momento en que Leva se aprovechó de un error
de Avendaño y, con un golazo, puso arriba a su equipo. Pero es verdad. Luego de
11 minutos de terror, Los Andes reaccionó con altura y cambió su panorama en 60
segundos. Con grandeza.
Viejo Lobo, Juan Carlos Zerrillo hizo una apuesta fuerte, conociendo las
virtudes y limitaciones de Los Andes. Como sus muchachos no llegaron a punto
físicamente, todas las miras estaban puestas en la cabeza de Ocampos. No siempre
le salió la jugarreta. Sobre todo porque Platense robó la pelota, para intentar
ofrecerle una victoria a su nuevo técnico y a los refuerzos, quienes,
inhabilitados, vieron el partido desde la platea. La primera imagen que vieron
los novatos los hizo ilusionar: Ramón Rojas descociéndola por la derecha e
Insaurralde y el Totó García asociándose como si se conocieran de toda la vida.
Con mucha movilidad, Platense superó a un inexpresivo rival. Sí, el que
finalmente festejó, no había mostrado nada hasta que vivió sus cinco minutos de
gloria. NADA. Silva se escondía; aburrido de no entrar en juego, Ocampos bajaba
a pivotear hasta el círculo central y Seba Domínguez perdía sin cesar. Sólo Arce
asomaba la cabeza y levantaba la bandera de la dignidad en un equipo agobiado
por cuestiones físicas, anímicas y monetarias.
La sabe lunga. Como si eso fuera poco, el pobre de Avendaño le regaló una bocha
a Leva. Se venía la hecatombe. Sin embargo, Platense se durmió en los laureles
de verse arriba. ¿Más alto que Los Andes? Imposible. Zerrillo la sabe lunga. Las
torres hicieron su aparición estelar. Y andá a cantarle a Goyeneche, Platense.
Sólo un minuto separó a los cabezazos goleadores de Avendaño y de Ocampos. Ah,
después de que la chapa marcara la ventaja de los de Lomas, el propio Ocampos
sacudió el palo derecho del arco de Zinelli. De repente, el Milrayitas fue el
equipo de las mil variantes. Pero se ve que fue solamente un rapto de sana
locura. Después de esos cinco minutos, nada ni nadie hizo algo como para
presumir que la alegría continuaría. El calor se los llevó puestos a todos. Y
chau partido. Los chicos de Platense confirmaron que en el mundo de hoy es muy
difícil vivir de ilusiones y los hinchas deben estar prendiendo velas para que
los refuerzos puedan salir a la cancha. En cambio, el "vamo, vamo los pibes" que
despidió al plantel de Los Andes, habla por sí solo. En Lomas se tienen fe. Y
quieren llegar otra vez a los más alto...
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Los Pibes del Paredon
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