Lunes
26 de Febrero del 2001
Locales otra vez |
Linda
tarde para que Los Andes tuviera fiesta en su cancha renovada. O para que
Almagro hiciera la suya en salón prestado y rejuvenecido. Había que ganar para
sacar algo de ventaja en la pelea por no descender. O al menos eso decían todos
antes de que empezara a correr la pelotita.
Una lástima... Ninguno se animó a jugar este duelo por la permanencia como si
fuera una final. Nadie arriesgó, no hubo juego ni fuego como para lograr que la
gente se levantara de su asiento. Claro, al principio se miraron, se analizaron,
trataron de encontrarse mutuamente la fórmula del triunfo. Es lógico. Pero de
tomar la iniciativa, ni hablar. Recién a los 15, Almagro se acercó al área pero
Yoder le pegó de zurda al cielo. Ahí se animó Los Andes con una contra perfecta
que terminó con Víctor López dándole desde afuera a una pelota que pasó ahí del
palo. En una de ésas, los de Lomas encontraron el gol y Miguelito Russo, chocho
de la vida...
Es que Los Andes empezó a jugar con el método que más le gusta a su técnico:
esperamos atrás y salimos rápido. La línea de tres en el fondo
(Bovaglio-Pajuelo-Marchesini) pasó rápidamente a convertirse en una de cuatro
(Noce ocupó el lateral izquierdo). íY hasta de cinco! Porque Levato se metió en
la cueva unas cuantas veces. Claro, el pobre Almagro ni siquiera así pudo
meterlo contra su arco. Un pase bien, otro maso y puf, afuera, al rival o a
dividir. Aun así llegó al empate antes del final del primer tiempo.
En el segundo sólo cambiaron algunos nombres. El resto fue una copia de lo
anterior, pero sin los goles. Errores, pases sin destino, centros al hombre
fantasma. Los Andes ya había vuelto a su línea de tres original insinuando que
quería más, pero Víctor López agarraba la pelota y la perdía, Levato -el mejor
del primer tiempo- ni siquiera salió del vestuario (ingresó Salomón) y la
defensa reventaba cada bola que le pasaba cerca. Sólo Marchesini en una agarró
la lanza y cruzó la mitad de la cancha.
A esa altura, Almagro se refugiaba atrás, trataba de hacer tiempo, de tenerla
lejos. Apuntaba a alguna contra, pero era uno por un lado, uno por el otro y
cuatro marcas. Brown golpeaba sus puños contra el techito del banco de los
suplentes al ver que su equipo no hallaba la fórmula. Russo se paraba y se
sentaba, gritaba un poco y se bancaba los insultos de la gente como un
gentleman.
Todavía queda algo de tiempo para cambiar y mejorar. Y mejor que Los Andes y
Almagro lo hagan. Porque de seguir así, el próximo partido entre ellos los
encontrará en la B Nacional.
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